Diciembre  2007

Ir a CGT


Conclusiones de la Comisión Investigadora del Transantiago

No pudiendo desprenderme de mi deformación docente, el informe de la Comisión Investigadora del Transantiago puede explicarse pedagógicamente como sigue.

Érase una vez un infante con una deformación congénita, el que durante años cumplió ciertas funciones con grado importante de ineficiencia; pero bien o mal, implicaba cero gasto para el resto de la familia.

Un buen día, un doctor ebrio de arrogancia, decidió operar al muchacho insertándole el miembro que le faltaba, para tal efecto diseñó el plan de incorporarle el miembro faltante en el centro de la cabeza y encargó a funcionarios del escalafón D y E que se hicieran cargo de la logística y preparativos de las diferentes fases de la cirugía.

Los “apitutados expertos” a su vez apitutaron al que iba a SONDeAr el funcionamiento tecnológico del implante y al que Administraría Financieramente la Transmutación (aft), previo correteo de todo postulante que quisiera tomar una tajada del proyecto que sería financiado por el Estado. Posteriormente estos “expertos” fueron contratados por los apitutados que se llevan la parte del león. Se comprobó que el doctor pagó con contratos públicos al SONDeAdor, las platas que éste le pasó para asumir a la dirección del hospital.

La nueva directora del sanatorio preguntó a los “apitutados” de su club si estaban las condiciones para efectuar la operación; estando todos de acuerdo -más por los estipendios que ganarían que pensando en el bienestar del paciente y su familia-, la cirugía se efectuó un 10 de febrero. El mozalbete quedó peor que antes y desde aquel funesto día la familia tiene que financiarlo.

Los detractores del doctor quisieron hacer su agosto culpando tanto al zote doctor que diseñó el plan de insertar el brazo en la cabeza, como a la ilusa doctora que implementó la cirugía y a ella se le criticó fuertemente que el brazo quedara un poco cargado hacia la oreja derecha; por su parte, el equipo del doctor, como gato de espaldas, encontraba que la mano era bonita y tenía uñas de señorita. Así las cosas, nadie se ocupaba de solucionar la ultrajante afrenta provocada.

Dado que el clamor por tal desastre iba en aumento y el prepotente doctor hacía mutis por el foro, la crónica buscaba con afán la opinión del mentecato hasta que la encontró, señaló el fatuo doctor: “De que se quejan, el paciente está mejor, antes tenía un solo brazo y ahora tiene dos; lo que pasa es que le insertaron el brazo con la palma hacia arriba de modo que le es fácil rascarse la espalda pero no puede sonarse y eso es error de implementación y no de diseño, pero es posible corregirlo con terapia ocupacional”.

Juan Daniel Doñas
Profesor de Estado