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Abril 2007 |
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Hemos hablado poco de economía pero, a la vez, hemos dicho cosas muy importantes. Dijimos que para definir si algunos proyectos se llevan adelante se necesita siempre algún criterio. Este criterio debe, finalmente, decirnos "sí, se hace" o bien "no, no se hace". Pero además debe explicar por qué de tal decisión.
Por ejemplo, si frente a una escuela básica se encuentra una calle muy transitada por vehículos a alta velocidad y se acuerda cambiar tal situación porque ya se ha registrado una gran cantidad de accidentes graves y por el peligro permanente para los niños y apoderados a la salida de la escuela. ¿Cómo cambiarla? Pensemos (en este artículo corto) unas pocas alternativas. 1) Barreras de contención para que nadie
cruce por ahí, La alternativa 1 es, sin duda, la más barata y un neoliberal diría "los costos de la solución son bajos comparados con los beneficios, se hace". La alternativa 2 no es tan barata como la primera y desde el punto de vista de la contaminación ambiental y del gasto de combustibles es muy mala (es el defecto de los "lomos de toro"). Un neoliberal diría que la alternativa 3 es, claramente, "una locura". Los costos son altísimos. Pero son altísimos "comparados con qué" Como siempre, la comparación es con los beneficios. Sin embargo, para poder hacer esta compasión ambas dimensiones del problema (costos y beneficios) deben ser llevados a términos monetarios, es decir, ponerles un valor en pesos. Supongamos que el costo de correr a una autopista es de $100 millones y supongamos que la decisión de la autoridad es "no implementar esta solución". Lo que nosotros debemos entender de esta decisión es que la seguridad (y la vida) de los niños y adultos de la escuela vale menos de $100 millones. Es el criterio de costos menores a los beneficios. ¿Cómo se calcula una cosa así? Cambiemos de ejemplo. Tomemos Transantiago. No hablaremos acá si es (o no) un buen plan de transporte público. Quizás lo sea (aunque parece que no). Lo que acá interesa es que también para llevarlo a cabo se calculó si los costos son menores que los beneficios (anotemos, entre paréntesis, que este es el criterio de toda empresa privada). Si poner buses suficientes para una circulación de todos los ciudadanos sin aglomeraciones cuesta más de lo que se recauda a través de los boletos, entonces, se ponen menos buses. ¿Cuántos menos? Los que sea necesario sacar de circulación hasta que los costos sean menores que los beneficios. Si no se puede hacer lo anterior, poner buses en la calle deja inmediatamente de ser un buen negocio y, si no es un buen negocio, nadie lo hace lo que, finalmente, termina en que no hay buses. Como se ve, en el fondo, la lógica es muy simple. No es un buen negocio poner recorridos hacia todas partes. Al menos con un pasaje a $380 las micros no llegarán a las poblaciones (ahí sólo vive gente; ellos no entran en el análisis "por qué habrían de entrar"). Si el precio subiera a $500 pesos, habrían, sin duda, muchos buses más. Ahí sería rentable transportar gente (aunque como "gente" no importen mucho; importan sus $500). Como se ve, al análisis costo/ beneficio de los tecnócratas del poder no le importa la gente, le importan los costos monetarios (y políticos) de sus decisiones. Terminemos acá (por ahora) con el ejemplo
del Transantiago y anotemos de una vez la conclusión más importante para
nosotros. El criterio que debemos construir es "si tal acción entrega una vida más digna a las personas, entonces se hace". Sobretodo si esas "personas" son pobres. Hay otro criterio muy usado por "los de arriba": Los recursos son escasos, por eso hay que cuidarlos haciendo sólo los proyectos rentables. Más adelante veremos que este es otro engaño. (*) Economista CGT
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