Diciembre  2007

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Por el Centenario
de Santa María de Iquique


CGT

“Nuestra CGT no lo dudó cuando se discutió qué hacer respecto de la conmemoración del centenario de Santa María.

Y es que desde que están en el aire nuestros programas de radio y contamos con una edición mensual de La Voz de los Trabajadores, hemos rendido homenaje a los héroes obreros. a todos nuestros mártires.

Por eso es que salimos a la calle después de preparar una exposición fotográfica cuyo costo fue cubierto en el 100 por ciento por las cuotas de los trabajadores. Fueron miles los que la visitaron en los distintos lugares donde se exhibió y que sigue siendo solicitada aún para ser presentada.

Y esta exposición que hoy termina una etapa, visitó facultades universitarias, colegios de enseñanza básica y media, se exhibió en empresas, plazas, parques y ferias libres, en decenas de poblaciones se supo la verdad, se conoció de la masacre de Santa María.

Lolol, en la Sexta Región, Lota y Coronel en la Octava, Punta Arenas, Cerro Sombrero, Porvenir y Puerto Natales en la región austral.

Pudahuel, Talagante, Melipilla, La Reina, Cerro Navia, El Bosque, San Bernardo, Peñalolén, Quilicura, San Joaquín, La Granja, fueron algunas de las comunas por donde pasó esta muestra histórica.

Por eso, hoy culminamos nuestra tarea satisfechos.

Porque pudimos conversar con niños y jóvenes sobre lo de Iquique. fuimos testigos de las lágrimas que hombres y mujeres dejaron caer, mientras recordaban a alguno de los suyos que sufrieron también en la pampa nortina.

Estamos satisfechos de que trabajadores, estudiantes y pobladores se unieran en esta iniciativa que es un ejemplo concreto de unidad y que, para hacer honor a la memoria de los que ahora recordamos, debe profundizarse en el trabajo diario a contar de hoy.

Hace ya casi 100 años, en el norte de Chile los obreros del salitre, entre otros explotados, vivían duras condiciones tanto en lo laboral como en lo familiar.

Sin legislación que los protegiera del abuso y la explotación patronal, obligados a trabajar 10, 12 y más horas diarias, carentes de mínimas condiciones de seguridad para las riesgosas labores que desarrollaban.

Estaban obligados a pagar un alto precio en vidas para saciar las ansias de los capitalistas ingleses, dueños absolutos de las riquezas de esa zona.

La vida no era mejor en condiciones, para el resto de nuestros compatriotas, de hecho muchos eran los que llegaban del sur enganchados, para aminorar aunque fuera en parte las miserias de sus hogares.

Sin embargo, en todo el norte grande de Chile comenzaba a dar sus frutos la campaña de educación sobre los derechos que en justicia correspondían a los explotados.

Esta campaña, hecha en base a charlas, mitines y distribución de prensa obrera en las diferentes oficinas salitreras, había convencido a los obreros que solo la unidad contra el explotador podía generar como resultado condiciones más dignas y justas.

Primero fueron las mutuales, le siguieron los comités de defensa del trabajo, las sociedades en resistencia y las mancomunales, todos instrumentos que permitieron ese gran paso adelante en la organización de los trabajadores.

Había muchas razones para dejar los miserables hogares, dejar los lugares de trabajo y marchar hacia Iquique.

Fue una larga y agotadora jornada la que hicieron los pampinos, sus mujeres y sus hijos y a la que se fueron uniendo otros, oficina tras oficina.

“No mendigaban nada, solo querían respuesta a lo pedido, respuesta limpia”.

Lo sucedido una vez que los obreros de la pampa llegaron a la ciudad está escrito en la historia y marca a fuego la lucha sindical en Chile.

Justamente en un día como hoy hace 100 años, se vivió uno de los momentos más tristes de la larga lista de masacres que han vivido la clase obrera chilena y mundial.

Los capitalistas no dudaron en mostrar su fiereza en la defensa de sus posesiones, como lo hacen hasta ahora.

Se sirvieron como lo han hecho siempre, de gobiernos y políticos corruptos, quienes demandaban sanciones ejemplares contra esta desobediencia civil.

Tuvieron en el Ejército y otras fuerzas militares el brazo ejecutor, ya que estos están acostumbrados a obedecer los dictados del capitalismo.

Contaron con los medios de comunicación para denostar la pacífica pero monumental protesta obrera y generaron las condiciones para acallarla a sangre y fuego.

A 100 años de Santa María no se nos puede olvidar lo sucedido, no podemos hacer como que ya pasó, que está muy lejos.

Como ayer, así actuarán siempre los dueños del capital cuando ven amenazados sus privilegios.

Nuestra obligación es mejorar la organización, masificar la desobediencia y construir un instrumento amplio y unitario, que nos integre a todos, para que luchemos por esa sociedad más justa y digna, que fue el sueño de los pampinos.

Debemos, en resumidas cuentas, volver a las formas de organización y lucha que nos legaron nuestros hermanos. Cuando decidimos la constitución del Comité de Iniciativa por los 100 años sentimos una gran alegría. Decenas de personalidades del arte, la política, sindicalistas e intelectuales respondían a una invitación sencilla, de clase, invitación cuyo objetivo central era rendir tributo a quienes antes que nosotros habían luchado por una mejor vida para ellos y sus familias.

Se desarrollaron algunas actividades e incluso sostuvimos un par de encuentros con importante participación, hasta que comenzó la deserción.

Otras organizaciones, ciertamente con el mismo espíritu nuestro, habían también tomado iniciativas, pero no dieron cuenta de lo que ya había. Simplemente planificaron otras actividades.

Y lo que pudo ser un único y gran homenaje se fue separando en cientos de iniciativas, todas valiosas en sí, pero disgregadas, dejando al desnudo el mayor drama de estos tiempos modernos: La desunión, la discriminación, la exclusión, la falta real de unidad, elementos que nunca estuvieron en el centro de las luchas de los obreros de la pampa.

No supimos o no pudimos conversar con todos y apurados por el tiempo decidimos seguir adelante y responder a lo que nos pedían los trabajadores: Rendir un homenaje a los caídos en Iquique, pero no desde la muerte sino desde la permanencia de las ideas y los sueños.

Hemos calculado en decenas de miles las personas que visitaron la exposición, participaron de seminarios y foros y recibieron material en las salidas callejeras.

Cientos de sindicatos, decenas de organizaciones sociales, diversas facultades en universidades, conocieron y/ o recordaron Santa Maria de Iquique.

Es una obligación, al culminar este trabajo saludar y destacar la labor de todos los que lo hicieron suyo, los que trabajaron en domingo, los que viajaron con las exposiciones, los que participaron en los debates, aquellos que repartieron la propaganda en cada jornada, los que nos ayudaron con recursos para disponer siempre de material educativo.

Lo dijimos con mucha firmeza en todo este tiempo y lo seguiremos gritando hasta que nadie pueda alegar ignorancia.

La masacre de obreros pampinos, sus mujeres y sus hijos, fue un acto vil, repugnante, resuelto en las sombras y se decidió varios días antes del 21 de diciembre de 1907.

El baño de sangre fue resuelto por el capitalismo, principalmente inglés en esos años, ya que ellos no aceptarían jamás ceder ante los obreros, no estaban dispuestos a disminuir sus ganancias.

La matanza exigida por los patrones fue ordenada por el gobierno de Chile, con su Presidente y Ministro del Interior de entonces: Pedro Montt y Rafael Sotomayor, respectivamente.

El holocausto obrero fue ejecutado por tropas del Ejército de Chile, dirigido por oficiales y encabezado por el general Roberto Silva Renard.

Decimos entonces que debe hacerse un juicio histórico contra estos criminales.

Borrar su nombre de toda calle, plaza o lugar donde se les mencione, deben permanecer en lo más oscuro de la memoria como lo que son: unos asesinos que no tienen perdón.

Hoy, a las 15:45 horas de este 21 de diciembre de 2007, se cumplen exactamente 100 años desde que se escribiera una de las páginas más sangrientas de nuestra historia, superada solo por los hechos que volvieron a manchar de sangre la historia en septiembre de 1973.

Pero no podemos dejar en el olvido a quienes fueron muertos antes de 1907 y que los encontramos en jornadas de protesta obrera en el mismo Iquique, Valparaíso, Antofagasta y Santiago.

No podemos olvidar a los que dejaron la vida en la Federación Obrera de Magallanes, en la Oficina Marusia, en Ranquil, en José María Caro, en El Salvador, en Pampa Irigoin...

Todos los que han estado en la lucha contra la explotación desde entonces y aquellos que nos precederán, tenemos claro que nuestro enemigo principal es el capitalismo, ese animal sediento de riquezas que no se detiene ante nada para lograr su objetivo.

A esos luchadores que no transaran, a esos combatientes por la vida que lo dan todo en cada actividad, a esos imprescindibles, los recordamos hoy día.

Nos enorgullece el ejemplo de nuestros compañeros trabajadores y quisimos dejar testimonio de ello.

Como siempre recurrimos a los trabajadores y nuestros amigos para concretar el primero de dos grandes anhelos, que dicen relación con la preservación de la memoria histórica.

Hoy entregamos a nuestro pueblo, a los trabajadores, el monolito recordatorio de los 100 años de los hechos de Iquique, monolito con el que también honramos a todos los que han caído, hasta Rodrigo Cisternas, obrero forestal asesinado cuando reclamaba por sueldos justos y trato digno, como en Santa María hace 100 años, como en cualquier lugar de Chile y del mundo en el futuro, cuando los explotados luchan contra los explotadores.

Esperamos en un tiempo no lejano rendir aquí nuestro tributo a Clotario Blest otro gran dirigente obrero y conseguir que este sector se denomine Plazuela de los Trabajadores.

Tenemos marcado nuestro camino, como ellos nuestros hermanos de clase, no cejaremos hasta conseguir un mundo digno y mejor, donde se reconozca en igualdad de deberes y derechos a todos los seres humanos.

Lo juramos compañeros ese día llegará.

Santiago, 21 de diciembre de 2007