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Enero 2012 |
POR ESTO ES QUE NUESTRA LUCHA NO SOLO ES JUSTA, SINO QUE IMPRESCINDIBLE.
Urgencias climáticas
4/1/2012
Ignacio Ramonet* La
grave crisis financiera y el horror económico que padecen las sociedades
europeas están haciendo olvidar que –como lo recordó, en diciembre pasado,
la Cumbre del clima de Durban, en Sudáfrica– el cambio climático y la
destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que
amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de
producción dominante, impuesto por la globalización económica,
alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el
planeta dejará poco a poco de ser soportable.
En
el curso de la última década, gracias al crecimiento experimentado por
varios países emergentes, el número de personas salidas de la pobreza e
incorporadas al consumo sobrepasa los ciento cincuenta millones… (1) ¿Cómo
no alegrarse de ello? No hay causa más justa en el mundo que el combate
contra la pobreza. Pero esto conlleva una gran responsabilidad para todos.
Porque esa perspectiva no es compatible con el modelo consumista
dominante. Es
obvio que nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos
suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que
siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se
necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran
como un estadounidense medio, los de tres planetas.
Desde el principio del siglo XX, por ejemplo, la población mundial se ha
multiplicado por cuatro. En ese mismo lapso de tiempo, el consumo de
carbón lo ha hecho por seis… El de cobre por veinticinco… De 1950 hasta
hoy, el consumo de metales en general se ha multiplicado por siete… El de
plásticos por dieciocho… El de aluminio por veinte… La ONU lleva tiempo
avisándonos de que estamos gastando “más del 30% de la capacidad de
reposición” de la biosfera terrestre. Moraleja: debemos ir pensando en
adoptar y generalizar estilos de vida mucho más frugales y menos
derrochadores.
Este consejo parece de sentido común pero es evidente que no se aplica a
los mil millones de hambrientos crónicos en el mundo, ni a las tres mil
millones de personas que viven en la pobreza. La bomba de la miseria
amenaza a la humanidad. La enorme brecha que separa a los ricos de los
pobres sigue siendo, a pesar de los progresos recientes, una de las
características principales del mundo actual (2).
Esto no es una afirmación abstracta. Tiene traducciones muy concretas. Por
ejemplo, en el tiempo de lectura de este artículo (diez minutos), 10
mujeres en el mundo van a fallecer durante el parto; y 210 niños de menos
de cinco años van a morir de dolencias fácilmente curables (de ellos, 100
por haber bebido agua de mala calidad). Estas personas no fallecen por
enfermedad. Mueren por ser pobres. La pobreza las mata. Mientras tanto, la
ayuda de los Estados ricos a los países en desarrollo ha disminuido, en
los últimos quince años, un 25%… Y en el mundo se siguen gastando unos
500.000 millones de euros al año en armamento… Si
en las próximas décadas tuviésemos que aumentar en un 70% la producción de
alimentos para responder a la legítima demanda de una población más
numerosa, el impacto ecológico sería demoledor. Además, ese crecimiento ni
siquiera sería sostenible porque supondría mayor degradación de los
suelos, mayor desertificación, mayor escasez de agua dulce, mayor
destrucción de la biodiversidad… Sin hablar de la producción de gases de
efecto invernadero y sus graves consecuencias para el cambio climático. A
este respecto, conviene recordar que unos 1.500 millones de seres humanos
siguen usando energía fósil contaminante procedente de la combustión de
leña, carbón, gas o petróleo, principalmente en África, China y la India.
Apenas el 13% de la energía producida en el mundo es renovable y limpia
(hidráulica, eólica, solar, etc.). El resto es de origen nuclear y sobre
todo fósil, la más nefasta para el medio ambiente. En
este contexto, preocupa que los grandes países emergentes adopten métodos
de desarrollo depredadores, industrialistas y extractivistas, imitando lo
peor que hicieron y siguen haciendo los actuales Estados desarrollados.
Todo lo cual está produciendo una gravísima erosión de la biodiversidad.
¿Qué es la biodiversidad? La totalidad de todas las variedades de todo lo
viviente. Estamos constatando una extinción masiva de especies vegetales y
animales. Una de las más brutales y rápidas que la Tierra haya conocido.
Cada año, desaparecen entre 17.000 y 100.000 especies vivas. Un estudio
reciente ha revelado que el 30% de las especies marinas está a punto de
extinguirse a causa de la sobrepesca y del cambio climático. Asimismo, una
de cada ocho especies de plantas se halla amenazada. Una quinta parte de
todas las especies vivas podría desaparecer de aquí a 2050.
Cuando se extingue una especie se modifica la cadena de lo viviente y se
cambia el curso de la historia natural. Lo cual constituye un atentado
contra la libertad de la naturaleza. Defender la biodiversidad es, por
consiguiente, defender la solidaridad objetiva entre todos los seres
vivos. El
ser humano y su modelo depredador de producción son las principales causas
de esta destrucción de la biodiversidad. En las últimas tres décadas, los
excesos de la globalización neoliberal han acelerado el fenómeno. La
globalización ha favorecido el surgimiento de un mundo dominado por el
horror económico, en el que los mercados financieros y las grandes
corporaciones privadas han restablecido la ley de la jungla, la ley del
más fuerte. Un mundo en el que la búsqueda de beneficios lo justifica
todo. Cualquiera que sea el coste para los seres humanos o para el medio
ambiente. A este respecto, la globalización favorece el saqueo del
planeta. Muchas grandes empresas toman por asalto la naturaleza con medios
de destrucción desmesurados. Y obtienen enormes ganancias contaminando, de
modo totalmente irresponsable, el agua, el aire, los bosques, los ríos, el
subsuelo, los océanos… Que son bienes comunes de la humanidad.
¿Cómo ponerle freno a este saqueo de la Tierra? Las soluciones existen. He
aquí cuatro decisiones urgentes que se podrían tomar: —
cambiar de modelo inspirándose en la “economía solidaria”. Ésta crea
cohesión social porque los beneficios no van sólo a unos cuantos sino a
todos. Es una economía que produce riqueza sin destruir el planeta, sin
explotar a los trabajadores, sin discriminar a las mujeres, sin ignorar
las leyes sociales; —
ponerle freno a la globalización mediante un retorno a la reglamentación
que corrija la concepción perversa y nociva del libre comercio. Hay que
atreverse a restablecer una dosis de proteccionismo selectivo (ecológico y
social) para avanzar hacia la desglobalización; —
frenar el delirio de la especulación financiera que está imponiendo
sacrificios inaceptables a sociedades enteras, como lo vemos hoy en Europa
donde los mercados han tomado el poder. Es más urgente que nunca imponer
una tasa sobre las transacciones financieras para acabar con los excesos
de la especulación bursátil; —
si queremos salvar el planeta, evitar el cambio climático y defender a la
humanidad, es urgente salir de la lógica del crecimiento permanente que es
inviable, y adoptar por fin la vía de un decrecimiento razonable.
Con estas simples cuatro medidas, una luz de esperanza aparecería por fin
en el horizonte, y las sociedades empezarían a recobrar confianza en el
progreso. Pero ¿quién tendrá la voluntad política de imponerlas? Le Monde
Diplomatique – Nº195- Enero 2012
NOTAS:(1) Sólo en América Latina, como consecuencia de las políticas de
inclusión social, implementadas por gobiernos progresistas en Argentina,
Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Venezuela y Uruguay, cerca
de ochenta millones de personas salieron de la pobreza. (2) En el mundo,
unos 100 millones de niños (sobre todo niñas) no están escolarizados; 650
millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son
analfabetas; más de 2 000 millones no disponen de alcantarillas, ni de
retretes…; unos 3 000 millones viven (o sea se alimentan, se alojan, se
visten, se transportan, se cuidan, etc.) con menos de dos euros diarios.
*Periodista español. Presidente del Consejo de Administración y director
de la redacción de “Le Monde Diplomatique”
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