Julio  2007

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Cuando todo el amor del mundo
no mata el hambre

por Carlos Gutiérrez

Para Patricia Calbucoy la vida diariamente en la Toma 10 de Mayo de Calbuco le plantea la difícil tarea de parar la olla, vestir y entregar los mínimos recursos para que su marido Iván Pinilla trabaje y sus tres hijos puedan al menos, comer, vestirse e ir a la escuela.

Su marido estuvo trabajando en la empresa salmonera Quality Harvest en Puerto Montt y Canutillar en faenas de cosecha, pero su contrato no superó los dos meses de continuidad. Así estuvo por varios años hasta que no lo volvieron a llamar.

Patricia dice que en "meses buenos en cuanto a sueldo" su marido llegaba incluso a ganar trescientos mil pesos, pero en los "meses malos no superaban los doscientos”. Claramente con eso no alcanza a cubrir los gastos de cinco personas y el arriendo de la mediagua de 3 por 5, que incluso no es propia y debían cancelar por ella cincuenta mil pesos aproximadamente. En el interior, separados por una cortina, se divide la cocina y los dormitorios con dos camas.

En estas tomas, de electricidad, agua potable y alcantarillado, mejor ni hablar. La mayoría vive colgado del tendido eléctrico y el agua potable la deben acarrear en baldes de una llave comunitaria. El baño se reduce a las incómodas y poco higiénicas letrinas que en temporadas de escarchas y lluvias se hace casi una tortura entrar a ellas ya que el frió se cuela por todos los agujeros, que no son pocos.

“Soñamos con una casa propia, aunque sea chiquitita, pero digna”, agrega triste la mujer. Dice que le gustaría "trabajar para poder aportar a la casa, pero se le hecho difícil", aunque por medio del Programa Puente puede que la capaciten para trabajar en alguna conservera.

Nadie queda indiferente a la mirada de Monserrat, de cuatro años, una de sus hijas, quien tras regalarnos una linda canción nos cuenta que sueña con tener muchos lápices de colores y pinturas, un castillo de juguete, pero más que lo anterior, “tener más amigos”.

LA CELEBRADA ENCUESTA CASEN

Según la última encuesta CASEN 2006, que reemplazó a la encuesta “vieja encuesta CAS”, vivimos una de las crisis más inquietantes considerando que el valor de la línea de la Indigencia Urbana es de $23.549 y la rural de $18.146 -se estima que en el campo los habitantes pueden tener alimentos de consumo en huertos-. Más irónico resulta el que la línea de la pobreza esté estimada en $47.049 y pobreza rural $31.756. O sea, ¿tenemos que pensar que las personas que viven en tomas lo hacen por exceso de recursos, o son los nuevos ricos excéntricos? ¿Con cuarenta y ocho mil pesos entonces ya no se es pobre? ¡Considérense afortunadas las familias que viven con el ingreso mínimo! (144.000 mil pesos aproximadamente)

Con los datos entregados por las estadísticas, los habitantes de algunas comunas del sur de Chile viven a “cuerpo de rey” ya que en San Juan de la Costa el ingreso por familia incluyendo subsidios es de 179.119 pesos. Imposible no mirar a Calbuco y Hualaihué donde los ingresos serían de 332.011 pesos y 348.532 pesos respectivamente. En Curaco de Vélez la entrada económica por hogar es de 295.183, en Puqueldón, de 269.996 pesos y en Queilén de 294.810 pesos, por nombrar algunas donde existe marcada presencia salmonera. Pero no son muy alentadores estos datos de ingresos ya que como en la toma 10 de Mayo aún vive mucha gente en la pobreza, viviendo con mucho menos de doscientos mil pesos mensuales.

Carolina Araya Muñoz en su tesis publicada en la web sobre Cochamó, Estadísticas de recursos de la ficha CAS II, sostiene que la población total de esta comuna es de 4 mil 369 habitantes, de los cuales un 69,85 por ciento vive bajo la línea de la pobreza, es decir, gana menos de 47.049 pesos en sector urbano y 31.756 pesos en el campo, donde sobre el setenta por ciento de los habitantes se ve vinculado a la Salmonicultura directa o indirectamente. Paradojalmente los sueldos de los grandes ejecutivos se estima que están por sobre los ocho a diez millones de pesos mensuales.

Según CASEN 2006 la pobreza e indigencia indígena sigue siendo la más alta con un 14,3 contra un 4,7 de personas no indígenas. Más crítico aún resulta el impacto distributivo del gasto social donde el decil (décimo) más rico recibe 31.3 veces más que el decil más pobre.

Fuente: Conapach