|
|
|
Noviembre 2007 |
|
por Juan Delaplaza
Sólo si comprendemos el alto nivel de explotación a que son sometidos los trabajadores chilenos en general, podremos comprender que exista un elevado numero de niños que se ven lanzados al mercado del trabajo para aportar a sus familias que viven la miseria. Pero aún aquí el discurso gubernamental tiende a desvirtuar y encubrir la verdadera realidad de los trabajadores chilenos, pequeños y grandes. El mismo 19 de enero de 2006, el diario gubernamental La Nación, titulaba: "Soy niño, trabajo y me gusta. Estudio sobre empleo infantil derriba mitos". El articulo en cuestión hacía referencia a los resultados de un "estudio realizado por una ONG llamada Asociación Chilena Pro Naciones Unidas (Achnu). ' Soy sacrificado porque tengo que levantar hartos kilos para tener una monedita para el pan y de repente tengo que salir de noche para tener plata. Me esfuerzo para ayudar a las personas que lo necesitan y soy esforzado porque estudio y trabajo. Soy honrado porque si hay algo que me gusta me lo compro y no lo robo'. Con estas palabras, registradas el estudio sobre la percepción del trabajo infantil en nuestro país, un menor de Concepción ponía una lápida a la tradicional creencia de que el empleo desarrollado por niños genera dolor, frustración e incluso traumas en la infancia". Así, las declaraciones de los niños y la percepción que los niños tienen de su propio trabajo, para los autores del estudio y el autor del artículo de La Nación, bastan para constituir una nueva mirada sobre el trabajo infantil no ya como una catástrofe para una sociedad que tiene que explotar a sus propios niños para mantener tasas de crecimiento económico de 6,3%, sino como algo "deseable" en las condiciones de miseria en que viven, "porque los aleja de la droga y están más protegidos que en la escuela", dice el estudio. Por otro lado, con el apoyo de la Iglesia Católica, trabajadores sociales buscan "reglamentar el trabajo infantil" para proteger a los niños, e incluso han propiciado la creación de una especie de Sindicato infantil llamado Movimiento Chileno de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (Mochinat)". Pero estas iniciativas "paliativas" tienden a consolidar el fenómeno. En opinión de Alejandro Gómez, abogado consultor de UNICEF en derechos del niño y trabajo infantil, "hay muchos niños que dicen que trabajan voluntariamente y reclaman cierta autonomía y respeto, pero no necesitamos que los niños trabajen para eso, necesitamos cambiar prácticas culturales y de conciencia de los peligros que trae el trabajo infantil. Conozco organizaciones muy bien intencionadas que intentan organizar a los niños trabajadores para que estén más protegidos, pero no estoy seguro de los positivos resultados que esto tenga". 197.000 niños trabajan en Chile. 18.000 niños tienen una jornada laboral que supera las 49 horas por semana. 13.000 niños trabajan en la calle. 23.000 niños trabajan de noche. (Fuente: Ministerio del Trabajo y Previsión Social). "Pero hay que sumar otras situaciones que esta encuesta no contempló, por ejemplo los niños que viven y trabajan en la calle y los que se dedican al comercio sexual. Otros estudios señalan que hay 3.700 niños y niñas que son víctimas de explotación sexual", dice Alejandro Gómez. Todos coinciden en que es necesario erradicar el trabajo de los niños y, "curiosamente" hasta funcionarios del gobierno señalan que es el modelo económico el que engendra desigualdades sociales enormes y lanza a los niños a la pobreza y a buscar trabajo. Pero estas "convicciones" son seguidas por discursos que tienden a ocultar el problema mostrándolo como una realidad ajena a sus posibilidades de intervención: "los niños quieren trabajar", "son los que los ocupan los que deciden", y en último análisis, "es una herencia de la dictadura". Un año y medio más tarde las cosas no han cambiado mucho. El 12 de agosto de 2007, con ocasión del día de los derechos del niño, políticos socialistas -en el gobierno-, hicieron encendidos llamados a proteger los derechos del niño: "En Chile, según UNICEF, trabajan más de 230.000 niños y niñas de entre los 5 y los 7 años. Más del 70% de estos niños que trabajan abandonan la enseñanza básica y no llegan a la enseñanza media. Estos niños chilenos hace mucho, que se 'olvidaron de ser niños', no tienen derecho a celebrar este día ya que deben realizar trabajos de muchos tipos y con horarios de hasta 14 horas diarias". Ese mismo día el gobierno anunciaba: "una nueva ley, donde los jóvenes de entre 15 y 18 años sólo podrán tener contratos de trabajo con la expresa autorización de sus padres o tutores legales y no podrán trabajar más de 30 horas semanales durante el período escolar". Todo un avance. Pero entre tanto, han votado una ley que rebaja la responsabilidad penal juvenil de 18 años de edad a 14, claro, porque la miseria empuja también a la delincuencia cuando no hay trabajo. La misma semana de agosto de 2007 se anunciaban otras cifras, tan esperadas en Chile: "La economía chilena creció en junio 6,1%, según información del Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) que dio a conocer el Banco Central". Nota: (*) En 2002 el gobierno de Ricardo Lagos instauró la afiliación obligatoria a un fondo de cesantía que comprende un fondo individual que recibe el aporte de los trabajadores de 0,6%, y un aporte de los patrones de 1,6%, y de otra parte, un fondo solidario que recibe de los patrones 0,8% (del salario del obrero) y del Estado 8.000 millones. Pero todos estos fondos son manejados por una empresa privada que invierte los aportes recaudados en el mercado de capitales para "rentabilizar" el fondo, junto con ello la "Sociedad Anónima Administradora de Fondos de Cesantía" cobra una comisión por sus servicios. El trabajador que está al día en las cotizaciones tiene derecho a recibir 5 pagos de su "fondo personal" en forma decreciente", "actualmente sólo el 2,4% de las personas cesantes que cotizan acceden al fondo solidario del seguro de cesantía", dice La Nación del 25 julio 2007. Fuente: Poderpopular
|
|
|